Raquel Gutierrez Aguilar
Desandar el Laberinto
México, Pez en el Árbol. 2010
183 págs.
A propósito de la primera edición mexicana del libro Desandar el Laberinto (publicado anteriormente en Bolivia en el año 1999) se vuelve necesario comentar y presentar en esta breve reseña algunas de las ideas con que Raquel Gutiérrez construye esta obra.
Bajo el logo de la Editorial Pez en el Árbol, Raquel presenta este material contándonos confidentemente las esperanzas depositadas en su texto. No asistimos al clásico estereotipo del conocimiento producido asépticamente, limpio de pasiones; por el contrario, su análisis de la sumisión de las mujeres es riguroso y al mismo tiempo considera su propia experiencia de su saber como mujer que se presenta ante nosotros a través de múltiples facetas como: mujer-militante, mujer-filósofa, mujer-encarcelada, mujer-liberada, mujer-esposa, mujer-profesora. Desandar el laberinto muestra la intención de la autora por dialogar, no sólo con un público probable en el mercado de los discursos filosóficos, sino más inmediatamente con sus compañeros de lucha, sus alumnas y alumnos; pero haciéndolo extensivo a las mujeres latinoamericanas (principalmente urbanas, de clase media). Parto de algunas preguntas guía: ¿por qué desandar?, ¿qué laberinto?
¿Por qué desandar?
La autora ve su razonamiento como un caminar. Se trata entonces de saber que la condición actual de las mujeres no puede ser asumida pasivamente, sino que obliga a la reflexión conjunta de aquellas que sean capaces de pensar las particularidades de su sumisión en un sistema que esconde los hilos del dominio. Desandar es caminar hacia atrás en la historia hasta entender los principios de los lazos sociales hombre-mujer. Buscar el inicio del intercambio sexual regulado en primera instancia por clanes matriarcales y que, al ser sustituido por el patriarcado, comienza a ejercer un control sobre el cuerpo femenino, en tanto su capacidad reproductiva es adquirida por un hombre que legitime la procreación. El camino, no obstante, no puede detenerse ante el determinismo de la historia antigua, sino que una vez entendiendo los orígenes de cómo la mujer pierde la libre disposición de sí ante sus iguales masculinos, es necesario entender como se convierte en ideológico para poder sustentar formas nuevas de dominación correspondientes a nuestros tiempos.
El desandar obliga a revisar las historias personales e intentar dar sentido a las formas en que la reproducción de los géneros (hombre-mujer) es impuesta desde la familia, la escuela, los medios de comunicación, etc. Pero esta configuración de lo femenino no es sólo la imposición de características disminuidas de lo masculino (que podría inferirse de la tesis de la castración freudiana) sino que asigna rasgos característicos a las mujeres para después justificar su dominación. Raquel Gutiérrez nos motiva a pensar cómo estas características femeninas (comprensión, sentimentalismo, orden, indecisión) son impuestas a las mujeres en su educación, al esperar de ellas la reproducción de ciertos patrones considerados como típicamente femeninos.
También las características masculinas son producidas bajo el mismo esquema. Se le educa para asumir el control de la empresa familiar, responsabilizarse del control de su esposa, establecer el rol de “conquistador” del amor femenino; en resumen, su existencia, a menudo privilegiada dentro de la relación hombre-mujer, tampoco representa una libertad de afrontar sus deseos, en tanto es obligado a asumir un rol tradicional que convalide su evaluación en un ámbito social.
¿Qué laberinto?
Como es posible deducir, no tenemos en el análisis de Raquel Gutiérrez una reflexión de la feminidad que aspire al “respeto” de formas estereotipadas del ser mujer, sino que nos invita a pensar cuáles son las claves de la dominación, que al mismo tiempo construyen el arquetipo del ser mujer y los mecanismos mercantilizados con que se establecen dichas relaciones.
Para abordar su laberinto, la autora nos sumerge en la sensación de determinadas situaciones que son dadas como problemáticas. Se trata de la frustración de no comprender al otro-varón o de sentir difícil el darse a entender, de la incapacidad de generar un plan de desarrollo propio de vida, o del mito de la igualdad, en donde para ser iguales se le pide a la mujer adquirir características masculinizadas.
El laberinto, en tanto da muestras de disolvencia, se vuelve más complejo. La aparente inclusión de las mujeres en diferentes niveles de la vida productiva, los discursos igualitarios, la celebración oficialista del día de la mujer, etc; tienen la función dada por el sistema de esconder las relaciones de poder que siguen produciéndose y reproduciéndose desde los núcleos de la familia burguesa. Nuestro mundo contemporáneo se presenta cada vez más como incluyente, igualitario, e incluso mucho más feminizado —debilitamiento en las urbes del paradigma del masculino como un macho tosco, e intercambio por formas masculinas más mimetizadas, aparición del dólar rosa, metrosexualismo, etc — , en tanto las relaciones de poder se conservan y formas tradicionales de relación heterosexual siguen asumidas en el rol de la validación de la vida femenina autorizada por un varón, no permitiendo que se pueda hablar de verdadera liberación.
Esta problematización teórica se nos presenta como fresca y vívida cuando Raquel Gutiérrez nos habla de las mediaciones en las relaciones de pareja como la clave para entender las limitantes de la plenitud emocional. La crítica a las estructuras sólo puede ser demoledora. No se trata de la capacidad personal para llevar a buen puerto una relación de pareja, sino que su estructura burguesa supone la aceptación simbólica de los valores que se reproducen en la sociedad capitalista: explotación, anulación de la humanidad, etc. No se trata, por tanto, sólo de un cambio de la voluntad. Las atribuciones establecidas en el proceso de cotejo y los mismos discursos amorosos heredados de la Edad Media son referentes simbólicos que actúan no a favor del varón, sino en general, en contra de relaciones de pareja con la posibilidad del auto-reconocimiento, más allá de los estereotipos de género que se dibujan sobre las personas.
En esta obra, Raquel Gutiérrez nos permite alcanzar la comprensión de problemas íntimos. Los lectores (hombres y mujeres) podemos plantearnos importantes rupturas a partir del reconocimiento de estructuras como matrimonio o noviazgo históricamente tienen la función de regular o avalar el intercambio sexual, la validación de la producción de capital humano, y la disposición de sí de la mujer.
Desandar el Laberinto es un libro donde la teoría feminista se analiza pensando desde nuestra propia realidad espacio-temporal. Nos permite abrir los discursos para intentar entender claves de la dominación dentro de un sistema hegemónico, trascendiendo así a los acomodaticios estudios de género de nuestros días.
Axel Ancira