Epígrafe

"¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras Poeta?
-- Terminaba tan triste, que nunca la pude empezar." J. Sabina.

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viernes, octubre 26, 2007

Sólo palabras

Hay acaso un puñado de palabras que han marcado mi vida, en cuyo significado y posibilidades he dejado parte de mi aparato deconstruido, como una prenda desgastada que se adhiere al árbol agudo en cuyas delicadas ramas reposan restos de uno y de sí. Pocas palabras, acaso un puñado que alcanzo a doblar y desdoblar para encerrar el sentido de un mundo que se devora a si mismo y se engulle con ligera persuasión. Algunas las pienso por no pensar más en redondeos semánticos que tan a menudo diluyen el significado con explicaciones sobradas y nunca pedidas, algunas me han venido chocando hasta atravesarme y me dejan hincado en mitad de tormenta sin adjetivos que condenen tanta alteridad impuesta y siempre descontextualizada. Palabras casi nunca murmulladas al oído, en situaciones siempre ficticias que hasta cuando son reales se esconden detrás de máscaras harapientas de símbolos traspasados. Palabras que se esconden, que no se han inventado se aterran del encuentro contradictorio de su ámbiente. Palabras que se advierten entre la flor y el canto raso, y que nunca son mías, y que nunca son de ella, ni de aquella. Palabras que destruyen edificios de cartón en cuyas azoteas impacta en una pupila sin azul, la totalidad de lo perdido, la tragedia del diario desgarrado por su foto de portada. Palabras que me encuentro al abordar el metro en soledad, y ser transportado anónimo y sincrónico entre un mar de piernas y brazos en shivescas posiciones, a la vez que los sonidos de la tierra, toman vida todos en medio de un zumbido permanente, que se mezcla con las voces de las conversaciones triviales de quien vuelve a casa, y con aquel que mira sobre su periódico las piernas largas que se recargan sobre la puerta, y de aquel otro que mira abajo, solo abajo, y en la mezclilla sucia, la tierra en las manos, la gorra de propaganda electoral, lleva el sonido atravesado, por el cual no puede oir ni hablar. Las palabras entonces me invaden, vienen todas al encuentro del sentido y de la forma, con un ritmo que trasciende espacio fronteras y materia. Pero al ser arrojado al mundo concreto de luz y sombras entre calles angostas y con vacíos, me olvido de todo, de todas las palabras que me encontraban y seducían, y me dejan de nuevo ese puñado que he logrado asir en la vida: contingencia, aculturado, finito, amén.

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