I
Habían pasado muchos siglos desde que él había sido puesto ahí, sólo unos días antes de su compañera y hermana. Ahora llovía, llovía todo el tiempo sobre el paraíso, y a Dios hacía mucho que no se le veía por ahí. Adán no recordaba con precisión como era, lo trató de dibujar en la cueva donde se refugio durante varios días, y finalmente cuando le pareció que había acertado, Eva rió sarcásticamente y no dudo un instante en advertirle:-- Es indéntico a ti, incluso, parece negro.
Adán y Eva
no hablaban mucho en un principio. Al pasar del tiempo, el silencio los había obligado a albergar demasiados pensamientos, demasiados cantos, demasiadas hazañas, y empezaron a contárselas, de manera que pudieran ayudarse uno con otro a recordarlas. Una de las primeras veces que hablaron, ya muchos siglos atrás, fue del Árbol de la Sabiduría. Eva advirtió que sus frutos parecían ser los más deliciosos, he incluso pensó que comerlos le daría placer. Esa era la primera vez que Eva usaba la palabra placer, siendo que no sabía exactamente como se sentía.— Pero moriríamos —Dijo Adán consternado.
— ¿Qué es morir?, Preguntó Eva.
— No sé.
Cuando apartaron su mirada del árbol vieron tras de si un víbora enrollada en su cola, que emitía unos sonidos como la voz humana. Adán trato de recordar, y se quedó por unos segundos inmóvil, casi sin respirar. Finalmente tomó aire.
— ¿Eres tú Dios?
La serpiente no contestó nada, pero en ese momento se desenrolló y empezó a arrastrarse colina abajo.
Nunca habían vuelto a hablar del árbol. Adán incluso había olvidado su ubicación en el paraíso, pero por esos días, había llovido mucho, y su estancia en esa cueva los había hecho recordar muchos momentos, como aquella vez en que jugando se habían separado para ver quien encontraba la especie más extraña en el paraíso. Tardaron más de cuarenta años en volverse a ver. Recordaron también las lágrimas de ambos, cuando se vieron a la distancia; y repitieron riendo lo que se habían dicho aquella tarde, enjuagándose las lágrimas.
— ¿Acaso hay otra, como yo?
— ¿Acaso hay otro como yo?
— No, estamos solos.
Y seguía lloviendo, mientras la desnuda silueta de Eva era reflejada por las llamas en la pared de la caverna.
II
Al día siguiente, mien
— Quiero un hijo.
Adán no supo que decir en el momento. Después de un largo rato, finalmente habló:
— Sabes que no nos está permitido. No podemos crear vida, de la misma manera que nuestra vida no puede terminar. Tienes que darte cuenta mujer, que nuestros deseos tienen un límite, y que Dios, es el rector de nuestras vidas, de aquí a la eternidad. El ha creado este lugar para que nosotros lo disfrutemos, y ha creado todos los seres vivientes para que nos sintamos acompañados. Hemos sabido contar con ese animal que te ha dado por llamar perro, yo he sabido atraer a los caballos; con ellos, he visitado las fronteras del paraíso. Nada hay que pueda interesarnos allá afuera. Tal vez, ni siquiera exista algo.
— Adán, tienes que abrir los ojos — Dijo Eva colérica. — Mucho tiempo ha pasado, tu carne y tu barba lo reflejan. Hace tiempo que se que es la muerte porque he visto animales dormir, para nunca despertar. — Eva meditó un instante. — Si probamos ese fruto, sabremos que es el placer y del placer vendrán tus hijos.
Adán repicó.
— Aunque lo que digas sea cierto, Dios nos expulsaría, porque junto con el placer, sabríamos que es el bien, y el mal; y sabríamos saber.
Eva lo interrumpió.
— Y esa misma sabiduría le serviría a tus hijos, para buscar la forma de regresar algún día.
— ¿Quieres que mis hijos peleen contra dios?
— Sí.
III
Esa misma tarde dejó de llover y empezaron el camino en búsqueda de aquel árbol. Caminaron por mucho tiempo entre las llanuras de aquellas tierras, hasta que finalmente lograron ver aquellos frutos que resplandecían como un sol de amanecer.
— Nunca los había visto tan relucientes – Confesó Adán.

Adán fue el primero en comer el fruto, y cuando lo hizo se dio cuenta de que ambos estaban desnudos. Trató de tomar a Eva con fuerza, arañó su espalda, deslizó sus manos por su abdomen, pero Eva asustada no podía entender nada, hasta que de la boca de Adán saboreó ese fruto, de cuyo sabor jamás se pudieron deshacer, ni ellos, ni sus hijos.
Tendidos en el fino pasto del Edén, dieron vueltas sin cesar, descubrieron cosas, y por primera vez no pensaron en nombrarlo. Pasaron horas sin que pudieran separarse, hasta que al fin quedaron dormidos, mirándose uno al otro.
Cuando despertaron, ya no estaban en el paraíso.
Después de algunos años murieron, pero habían logrado tener varios hijos, que siempre temieron de Dios, esperando el día de enfrentarse a Él.
Axel Ancira




5 comentarios:
Un abrupto final; aunque debo de decir que es simplemente maravilloso. Creo que es lo mejor que he leído de ti.
En esta oacasión no tengo mucho que criticar, la verdad es que está hecho para admirar. Lo único, es lo que escribí hasta el principio -cierras la historia de golpe- empero así son las cosas del hombre. Tenés que darmelo firmado eh...
Buen estilo y orden de ideas, casi llega a profesional.
Te mando un fuerte abrazo.
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Me ha puesto el texto y me he hecho una pajita con las fotos. Thanks.
Un beso.
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